En la escena telenovelesca, que es una sátira de las telenovelas típicas mexicanas, Poncho al fin confronta a su mamá para darle a Lala su lugar como la mujer que ama y entonces huir a caballo a su lado. Lala sueña con esta proyección, tan absurda como real, mientras come a cucharadas una Carlota —o postre casero de limón— directamente del refractario. Sin embargo, de pronto llama su novio para avisarle que está en la puerta porque olvidó la Carlota que hicieron para llevarla a la comida.